domingo, 4 de mayo de 2008

La guerra del francés o la guerra contra el nacionalismo

Hasta entonces, podía decirse, que vivía el pueblo español sumergido en las tinieblas de la historia. Eso sí, había participado por delegación de "sus señores naturales" en una serie de acontecimientos históricos, reconquista, unidad peninsular y descubrimiento de América, que terminaron por alumbrar el primer estado moderno entre la estancada sociedad medieval. A comienzos del s.XIX, cuando se produce el levantamiento madrileño del 2 de mayo, España estaba estancada en la miseria de sus habitantes, en el atraso de la ciencia, ensimismada en la intolerancia hacia las ideas procedentes del exterior, persistiendo por castas y regiones privilegios y fueros, sin infraestructuras ni caminos que facilitaran el conocimiento entre sus regiones y sus gentes. De hecho el país era la suma de muchos y diferenciados habitantes, madrileños, asturianos, aragones, andaluces, valencianos, murcianos, catalanes, etc., que se sometían al poder absoluto representado por la monarquía, la iglesia y el poder tradicional de las capas dominantes. La rebelión del pueblo llano contra el poder del emperador, el alzamiento heroico de los madrileños, que se extiende por toda la peninsula como una llama, convierte el enfrentamiento en dos polos contradictorios en sí mismo, por un lado los invasores, hijos de la revolución francesa, representando las ideas de la Ilustración, encontrando aliados entre intelectuales del interior, afrancesados, ejercen contra esas ideas de libertad, imponiendo una autoridad militar y política en un pais ocupado, y por el otro el pueblo español rompiendo con las tradiciones militares de la guerra clásica, en una guerra de guerrillas, que implica a todo el pueblo pasa ideológicamente del oscurantismo inicial, aldeano y clerical, al liberalismo contemporaneo que contempla la Constitución de 1812. Frente a la traición de la Monarquía absoluta, del poder del Clero y del Ejercito que les abandonan en brazos de sus enemigos se alza el pueblo en armas que alcanza la categoría nacional en Cádiz. La ciudadanos, ahora de pleno derecho españoles, se impregnan de esas ideas de libertad, unidad, igualdad y solidaridad. España es un nuevo sujeto histórico. Que la España del 1978 es heredera de aquella, es cosa reconocida por todos los demócratas. El problema es conocer y denunciar los nuevos enemigos de nuestra pátria. Reconoci la mixtificación casualmente aquí en Cataluña, primero hablando con mi hija y después con una profesora (familiar), que al hacerlo de la guerra de la Independencia hablaban de la guerra del Francés, una cosa secundaria, de importancia relativa, lo que traduje para mi coleto personal, como una tergiversación intencionada del nacionalismo cargando de intrascendencia unos hechos fundamentales de la historia de España en favor de otros secundarios, sin importancia o directamente inventados. A nadie se le oculta que lo equiparable para los nacionalistas a aquellos hechos serían los del 11 de setiembre de 1714, sobre los que cada día se carga la mano un poco mas. Curiosamente contra esas ideas del nacionalismo antiespañol, sobresale la verdad de unos hechos desmitificadores que reponen la idea de guerra por la independencia nacional en Cataluña. En aquellos tiempos de afirmación nacional, los restos militares que se unen a las partidas rebeldes, los pageses del interior, los viticultores del campo de Tarragona, el somatén, el timbaler del Bruc, los ciudadanos de Gerona, Barcelona, etc., desaparecido el poder borbónico, no instauran la Generalitat, ni siquiera el Consell de Cent en el caso de Barcelona, al contrario crean como en el resto de España la Junta Suprema de Cataluña a la que se someten las partidas guerrilleras de Milan del Bosch, Lloveras, Massana, etc. La presencia de los liberales catalanes tienen un protagonismo destacado en Cádiz. En el juicio contra el barcelonés Juan Gallifa se dijo: "todo español debe salir en defensa de la patria contra el invasor". El mismo sentido tiene la poesía patriótica de mosen Cinto. Incluso la famosa Pza. de Sant Jaume de BCN tiene incrustado en relieve de piedra en su fachada "Plaza de la Constitución", eso es la herencia de Cádiz, un detalle histórico que nos trae voluntariamente al presente.


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