viernes, 18 de abril de 2008

Ayuda o Caridad. Que mas dá.

Hace tiempo lo llamaban caridad. Te acercabas a un iglesia, y en su vestíbulo, una persona bastante aseada, extendía su mano pidiendo una limosna "por caridad", y mucha gente que salía o entraba en la casa de Dios se sentía obligada a comportarse "cristianamente con sus semejantes mas desdichados" entregando una moneda. También, en época algo anterior, era corriente invitar a las personas, muchas de ellas ancianas, a compartir mesa y mantel con los propietarios de la casa. De hecho "Caritas", es el organismo humanitario de mas prestigio en la sociedad actual, su lucha por la dignificación del ser humano hundido en la miseria sin discriminarle por razones de religión, raza o genero, es admirable. Su practica habitual forma parte de la doctrina social de la iglesia católica, ya que el Maestro fue pobre entre los mas humildes. La caridad, es parte de nuestra tradición cultural. Sin embargo en el paraiso de ZetaPe el término ha caducado, porque para los nuevos milagreros, nuestra sociedad tiene recursos suficientes y se basta y sobra para resolver esos pequeños desajustes humanitarios. Sin embargo no hay nada tan revelador como la cruda realidad diaria, te encuentras continuamente enfrentado a situaciones delirantes, en cualquier esquina, en los sotanos del metro, al llegar a casa, o cuando vas a comprar el pan, tienes que sortear a una rista de mendigos que con fuerte acento oriental te reclaman exigentes, dinero. De rodillas, con los brazos en cruz, vestidos con andrajos, disfrazados de viejas enlutadas encorbadas y con el rostro oculto que te agitan un bote en donde suenan unas monedas en tus propias narices. Tullidos, mostrando ostentosamente horribles taras, que te gritan quejumbrosamente reclamando "al poderoso caballero" que necesita tu monedero. Choca, el que nadie de entre esta plaga dominadora de las calles, de forma humilde y digna, vergonzosamente, llame tu atención pidiendo la tradicional limosna, eso ahora no es así, no corresponde a los nuevos tiempos, la nueva educación socialista traduce la fórmula de la limosna en la de "ayuda", "una ayuda por favor, nos repiten, soy un padre de familia sin trabajo, tengo muchos problemas", ¡Necesitamos una ayuda!¡¡¡Ayuda, ayuda, ayuda!!! Una invasión mafiosa, muy similar a la ocurrida en Europa hace dos siglos, en el periodo preindustrial, tiene organizada esa industria delictiva de la caridad (ahora ayuda) en nuestro país, que crece y crece y que no se amilana ante las normativas cívicas que protegen a la infancia y al ciudadano formado en la conciencia moral tradicional. En ese sentido es un retroceso absoluto. Esa ayuda que reclaman esos grupos de ahora, esa petición solidaria, nace de los principios de la Ilustración interpretando torticeramente, aquel grito de "libertad, igualdad, fraternidad", con el que si tienen que ver aquellas recogidas de dinero que se hacian en época franquista en fábricas, escuelas y barrios en apoyo de tales trabajadores en huelga, de unas señoras encerradas en una iglesia protestando por la falta de semáforos o guarderías en su barrio, o en los donativos que con carácter de apoyo, de solidaridad en la lucha, se daba para ayudar a un represaliado, o a la familia de un demócrata en prisión, o con los demócratas de tal país. Aquellas si eran ayudas fraternales entre hombres que aspiraban a lo mismo, un mundo libre, de iguales y solidario, y que ejercitándose en la práctica, elevaban conciencia y fuerza. Decías "dame una ayuda para tales compañeros". Y la gente te daba voluntariamente lo que podía de forma orgullosa. Firmame aquí en ayuda de tal causa, y la gente lo hacia vehementemente, añadiendo DNI y más firmas. Lo de ahora, es otra cosa, esas peticiones de ayuda, son a veces un atraco, al que nos obligamos lanarmente como si fuera un impuesto municipal, nos introduce en el tunel del delito, del acatamiento sumiso rehuyendo la inconveniencia social. Es el paisaje de la nueva Barcelona canalla. Y detrás, oculta, la delincuencia organizada mas sanguinaria vé como con estas peticiones de ayuda, se les allana el camino para los grandes delitos. Pronto oiremos, confusiones semánticas, que igualaran el atraco a mano armada con la expropiación justificada. ¿Qué podemos esperar de una sociedad rastrera, de ideas absorvidas y cocinadas por el poder mediático?, cuando oimos (EL PERIODICO), en una encuesta sobre la huelga de autobuses que un usuario dice, "a los conductores les falta disciplina, son groseros, ¿porqué piden dos días? Yo he estado en una situación peor y no me quejo", otro señor (gestor de datos?), añade "los conductores se portan fatal. Cuando firmaron el contrato ya sabían lo que habia. Es como si yo trabajase en un restaurante y me quejo de que tengo que trabajar los domingos", y otro "tengo que caminar dos horas, y me va mal para el trabajo", y así. Después de mas de treinta años de democracia, en eso queda la verdadera Solidaridad con unos trabajadores que defienden mejorar sus condiciones de trabajo, por parte de unos ciudadanos que se consideran modernos y demócratas. No existe grandes diferencias con el común en la antigua sociedad franquista. Cada cual iba a lo suyo evitando meterse en la política, como aconsejaba el propio dictador. De esa manera pasito a pasito, hemos desembocado en un Gobierno ZP que ha creado una nueva cartera, la de Ministra de Igualdad, podría crear perfectamente también otro ministerio de la Libertad, y otro de la Solidaridad. Pura parafernaria fascista. Esquizofrenia socialista, equivoca izquierda renovadora. Risas a mansalva de los señoritos que pelotean al poder, y punto. Ante tanta confusión, el Gobierno y Zapatero encabezan, nos reclaman, nos exigen como los hacen "los rumanos de nuestras calles" ayuda, agitando el bote de la solidaridad, recortando obligatoriamente la economía familiar de todos. El 9 de marzo esa sociedad orwelianamente feliz, le ha dado la gran ayuda, el gran empujón de una mayoría cuasiabsoluta. Pocos ciudadanos, empapados de la doctrina liberal surgida en la Revolución Francesa, echaron mano de su conciencia católica para pedirle "por caridad" que nos dejara. Seguiremos soportanto lo de ¡AYUDA! ¡AYUDA!.


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