martes, 6 de abril de 2010

El viejo delfín nacionalista

De nuevo la esperada sentencia del TC sobre el Estatut (y han pasado mas de cuatro años desde su pase por sede parlamentaria) es motivo para azuzar a la opinión pública contra la imparcialidad de tan alto tribunal; y si son opinables las carencias, el incumplimiento del deber sagrado de guardar la Constitución, la cobardía frente al poder político, la forma en la designación de sus miembros, etc. no debería serlo el dictamen final sobre los recursos presentados por el Defensor del Pueblo, el PP, y algunas Comunidades Autónomas, ya que el mismo es meta de llegada de todo el trajín jurídico y su carácter inviolable; la resolución la hace en tanto "órgano cuya función es la de ser intérprete supremo de la Constitución" se publicará en el BOE con mención de los votos particulares (dicho pronunciamiento tiene el valor de cosa juzgada y contra el mismo no caben recurso alguno); en definitiva, la respuesta del TC sobre las incompatibilidades del Estatut están regladas en esa misión protectora de la convivencia democrática que recoge el articulado constitucional. Como digo, el mero anuncio de que los magistrados han alcanzado un acuerdo respecto a la quinta propuesta de resolución ha hecho levantar la voz a Miquel Roca Junyent contra un pacto de acercamiento entre los jueces considerados favorables a la constitucionalidad del texto y los que consideran el Estatut abiertamente inconstitucional (preámbulo incluido); la concesión de los primeros le parece a nuestro particular "padre de la patria" un enorme desatino; el exportavoz de CiU, conocido en Madrid como un político florentino primer espada parlamentario, se muestra partidario de una sentencia fraccional (en donde las partes enfrentadas expresen a través de sus votos particulares sus opiniones discrepantes); el dirigente nacionalista en su página de hoy en La Vanguardia se pregunta ¿cómo se hace y explica un pacto que diga, que es inconstitucional lo que se cree constitucional? respondiéndose que con esa argucia los que ganan son los enemigos del Estatut que verían refrendados sus propósitos. Miquel Roca, pretende rendir un nuevo servicio al nacionalismo, rompiendo en dos la unidad del TC (en dos partes irrejuntables), precipitando con ello la ruina del propio organismo, como entidad independiente, y propiciando el hundiendo del futuro democrático de todos los ciudadanos españoles. Como última matraca deja entrever en sus argumentos su patita filibustera "Ya no estamos a tiempo para evitar la politización del fallo. Será una sentencia política porque se han hecho todos los esfuerzos y se han sumado méritos para que así sea". Los tontos de capirote, si los hay en esta tierra bendita de Dios, que vayan tomando nota: los nacionalistas vuelven a la carga con el victimismo, la sentencia declaratoria de inconstitucionalidad de algunos preceptos del Estatut es una condena de la soberanía de las instituciones catalanas, es una sentencia contra Cataluña, su Parlament y la Generalitat. Es una sentencia política (a la que corresponderán, ellos, con una respuesta a ese nivel)




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